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La sociedad debe implicarse en la lucha contra la violencia machista

Javier Ricou | 24/01/12


Cuatro mujeres muertas a manos de sus compañeros en 21 días en Catalunya. Ese elevado número de víctimas de violencia machista suma, a ocho días del final de enero, frente a las once registradas en todo el pasado año en Catalunya. Encontrar una explicación a esta escalada de violencia no es tarea fácil ni para los expertos que analizan estos crímenes. Muertes que, además, se perpetran cuando la sociedad rechaza, como nunca lo había hecho, esos comportamientos. Se plantean muchas preguntas: ¿cómo se puede luchar contra esos crímenes? ¿Estamos ante un problema colectivo o un drama personal? ¿Qué papel tiene la educación a la hora de prevenir los malos tratos? ¿Por qué muchas mujeres vuelven a vivir con sus verdugos? ¿Por qué la mayoría de los asesinos se entregan o se matan tras cometer el crimen? ¿Les da igual la pena que se les pueda imponer?

ORIGEN
Un problema individual que incumbe a toda la sociedad

La mayoría de los expertos coinciden a la hora de afirmar que la violencia machista nunca puede considerarse como un problema individual. Sostienen que sería falso decir que la muerte de esas mujeres a manos de sus compañeros es "monocausal". La violencia machista es, por lo tanto, "pluricausal". Son muchos los factores que intervienen en esas conductas. O dicho de otra forma, este es un problema de todos y, por lo tanto, su solución compete a toda la sociedad.

EDUCACIÓN
Atajar el problema a edades muy tempranas

Inmaculada Aroca, profesora de Conductas Delictivas de la Universitat de València y experta en temas de violencia, considera que entre los 13 y 18 años es la edad ideal para las campañas de prevención. "Empiezan las relaciones de pareja y si en ese momento se acierta con la educación evitaremos que algunos de esos escolares sean, en edad adulta, unos maltratadores". Es lo que Aroca llama prevención primaria. Pero nunca hay que olvidar, alertan algunos antropólogos, que muchos patrones o ejemplos que animan a esas conductas llegan por muchas vías. Desde esta visión más amplia se considera la violencia machista como un problema sociocultural. Y cortar todos los grifos de los que puede beber un futuro maltratador es prácticamente imposible.

PERFILES
Una violencia transversal y sin patrones de vida iguales

Si la violencia machista pudiese acotarse a un perfil concreto, en lo que respecta a sus protagonistas, las medidas de prevención serían más eficaces. Pero la mujer maltratada, y el hombre que insulta, pega o mata, tal como reflejan las estadísticas policiales, son de orígenes dispares, no coinciden sus estudios, ni educación y tampoco tienen ingresos económicos similares o modos de vida parecidos. La violencia machista es un drama en todas las escalas sociales. Y eso impide centrar las campañas a perfiles concretos y obliga a plantearlas como un problema que afecta a toda la sociedad, con lo que el mensaje, admiten los expertos, llega más difuminado.

DEPENDENCIA
El agresor fía su autoestima al poder sobre la víctima

En la mayoría de los cuatro casos de violencia machista registrados en Catalunya en sólo 21 días se ha repetido, sin embargo, un patrón que sí suele coincidir en el caso de los agresores. Lo explica Inmaculada Aroca, tras examinar esos crímenes. Su conclusión es que buena parte de estos asesinos "son dependientes". Su autoestima y fuerza se basa en el poder que tienen sobre su pareja. "Y cuando la matan, ya no son nadie", añade esta profesora de la Universitat de València.

CASTIGO PENAL
El asesino raras veces piensa en la futura condena

La ley es, hoy, mucho más dura que años atrás. El Código Penal ha endurecido las condenas para los crímenes machistas. Pero esto no se ha traducido en una reducción de los asesinatos. Al maltratador parece no importarle la factura que va a pagar por su agresión. De hecho, la mayoría tiene pensado ya otro final. Asesinada la mujer y perdida la autoestima o el poder ejercido, a veces durante años, sobre la pareja, a ese maltratador, reitera Inmaculada Aroca, "ya no le queda nada". Y el final de ese asesino se repite. Unos se suicidan –es el caso del vecino de Santa Coloma de Queralt, que saltó por el hueco de la escalera de su casa– y otros llaman segundos después del asesinato a los Mossos o bien se presentan en la comisaría más cercana para entregarse. Algunos expertos opinan que algunos deciden poner final a sus vidas para no dar la cara ante una sociedad que rechaza, ahora más que nunca, estas conductas.

SEGUNDA OPORTUNIDAD
El perdón de la mujer suele tener dependencia sentimental

Los agentes especializados en grupos de atención a la víctima maltratada saben que lo que más les va a costar, en esas conversaciones privadas que mantienen con las mujeres, es que estas rompan el vínculo emocional con su verdugo. "Muchas presentan la denuncia y hacen una pausa, en mitad del relato del infierno vivido, para afirmar que si su pareja cambiara y fuese el hombre que conocieron años atrás, volverían con él", afirma un agente de los Mossos. El consejo es que no den ese paso atrás, pero ni con toda la vigilancia del mundo se podría evitar que una mujer vuelva a vivir con ese compañero que la ha maltratado si es ella la que toma la decisión. Un perdón que muchas veces les cuesta la vida.

SEGUIMIENTO DEL CASO
Medidas para proteger a las mujeres que denuncian

La Conselleria d'Interior acaba de anunciar un plan para ganar en eficacia en los dispositivos para proteger a las mujeres maltratadas, una vez han denunciado el caso. Pero lo cierto es que, a nivel estatal, no acaban de funcionar esas medidas de protección –lo confiesan los propios juristas– por falta de medios y programas eficaces. Había, por ejemplo, un plan para repartir pulseras de obligado uso entre los hombres que tienen dictadas medidas de alejamiento. Si se acercan a la víctima, salta la alarma. Hasta ahora se han colocado muchos dispositivos menos de lo que estaba previsto.

CONTROL PREVENTIVO
Detectar el problema antes de que acabe en tragedia

Para la profesora de la Universitat de València Inmaculada Aroca resulta clave, para evitar "ataques y agresiones inesperadas", un control preventivo. Y aquí, asegura, deben colaborar todas las entidades y administraciones. "A la primera alerta hay que actuar. Es la única manera de ayudar a esa mujer, antes de que sea demasiado tarde. Ahora no creo que eso funcione", afirma.

EL MIEDO A DENUNCIAR
La mayoría de las mujeres muertas no había denunciado

Otro trabajo importante de los agentes policiales y servicios sociales es convencer a la víctima de que la denuncia contra su maltratador no significa una sentencia de muerte. Y las estadísticas son muy claras. Todavía son mayoría las mujeres asesinadas que no habían denunciado a sus compañeros respecto a las mujeres que murieron de forma violenta después de pasar por la comisaría.

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