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Una escuela de Hospitalet se convierte en el primer centro público en implantar los uniformes

Cambios en la educación primaria

Maite Gutiérrez | 28/06/11


La escuela pública Màrius Torres, en el barrio de Collblanc de l’Hospitalet de Llobregat, está de estreno: nuevo edificio, nuevo proyecto educativo y nuevas normas sobre la forma de vestir. El equipo directivo y las familias han acordado que todos los alumnos de P5 a sexto de primaria lleven uniforme a partir del curso que viene, convirtiéndose así en el primer centro público de Catalunya que introduce tal medida.

En el vestíbulo de la escuela, un grupo de padres esperaba ayer por la mañana para recoger las notas de sus hijos. Mientras tanto, algunos pasaban por la mesa que el ampa había instalado para pagar la ropa que llevarán los niños desde septiembre. Un mostrador exponía los modelos: falda cruzada de cuadros para ellas y pantalón gris tipo tejano para ellos; un polo blanco y jersey verde. En total, equipar a un alumno sale por 60 euros. “Todo el colegio está ilusionado, el uniforme fomentará el respeto hacia la escuela y dará un ambiente más formal al centro”, comentaba Esmeralda Novas, madre de un alumno de tercer curso y que ayer pagó el depósito de la nueva ropa.

La idea de introducir uniformes escolares salió del director del centro, Jorge León, una estrategia que se enmarca en un plan más amplio para dar “un vuelco total a la imagen y la posición de la escuela”, explica. Después de dar muchas vueltas, el equipo directivo propuso la iniciativa al ampa, pasó una encuesta a las familias y más del 90% se mostró a favor. A partir de ahí, escogieron modelos.

El uniforme está asociado en Catalunya a la escuela concertada y privada, sobre todo religiosa. La escuela pública lo abandonó con la llegada de la democracia y algunos sectores lo consideran un símbolo retrógrado y elitista, que niega la individualidad, la herramienta más fácil para esconder diferencias sociales. León, sin embargo, hace un llamamiento a “dejar atrás los prejuicios”. En su opinión, el uniforme adquiere un significado nuevo dentro de la época actual.

¿Por qué introducen esta medida? “Para dignificar la escuela”, responde León convencido. Anna Güerri, maestra del Màrius Torres, advierte que la iniciativa está “totalmente desvinculada de cualquier inclinación política, ideológica o moral” y que responde a un estudio de la situación del centro. En una escuela con más de un 90% de alumnos de origen inmigrante y situada en un barrio humilde, creen que el uniforme actuará como un pequeño signo externo de dignidad, igualará a los estudiantes, procedentes de culturas y estatus tan dispares, y subirá su autoestima y la de sus familias. Justo en frente de esta escuela, situada en la carretera de Collblanc, hay un colegio concertado sin apenas inmigrantes que también usa uniformes. “¿ Y por qué nosotros no?”, se preguntan los maestros. León sigue con sus argumentos a favor: “esperamos que ahora los alumnos sean más conscientes de que al colegio se viene a trabajar y aumentar el sentimiento de pertenencia al grupo”. Pero que a este colegio le encaje no significa que el uniforme se tenga que extender ni funcione en todas las escuelas, públicas o privadas.

El debate de los uniformes salió de nuevo a la luz pública cuando la consellera d’Ensenyament, Irene Rigau, invitó a reflexionar sobre las normas de vestimenta en los centros escolares. Estas declaraciones acabaron de decidir a León. En el Màrius Torres, el nuevo traje supone el colofón a un proceso de cambio. Después de 31 años de espera, en mayo estrenaron colegio: un edificio amplio y bien acondicionado que León enseña con orgullo. Desde 1980 el colegio se ubicó en un edificio prefabricado. Debían estar allí cuatro años, pero se convirtieron en 28. En el 2008 se trasladaron a unos barracones. Ahora por fin tienen el colegio que tanto deseaban, con gimnasio y teatro, cocina propia, comedor, tres patios... Además, el equipo directivo se ha propuesto mejorar los resultados académicos con un proyecto basado en las lenguas y la lectoescritura. Cada mañana los alumnos leen media hora antes de empezar la clase; se incorporarán seis profesores especialistas en inglés para impartir materia curricular en este idioma; entregan las notas de los alumnos a cada padre de forma individual, con un informe detallado del niño... “Me jubilo dentro de dos años y mi objetivo final es impulsar el colegio”, dice León. El uniforme, para los maestros, sólo es un extra, la guinda. “Lo realmente importante es el proyecto educativo”, insisten. Pero lo cierto es que su iniciativa rompe un tabú en la escuela pública. “Si da buenos resultados es posible que otros centros la sigan”, vaticinan.

Como Esmeralda, de Santo Domingo, otros padres pagaban ayer los uniformes, contentos con una medida, dicen, que les ahorrará quebraderos de cabeza a la hora de vestir a los niños. El colegio no obligará a llevar los uniformes a quien no quiera pero tratará de implicar a todos los padres. León también espera que más familias autóctonas se interesen por el centro a partir de ahora. Al estar en barracones, sólo llenaban las clases con los alumnos extranjeros que llegaban a mitad de curso. Esto ha hecho que también trabajen especialmente la integración social.