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El cesto de cerezas

Fernando Ónega | 04/09/10

José Borrell lo hubiera definido así: el carajal. Si lo prefieren más suave, diré que el socialismo español y quien lo dirige se están metiendo en un laberinto del que no sabemos cómo saldrá. Lo de menos es la despedida de Celestino Corbacho, de cuyo cansancio en el Gobierno dimos cuenta en esta columna hace más de dos meses. Corbacho encontró una salida honrosa en la lista de Montilla, y sólo le queda un calvario que pasar: la injusticia de escuchar que lo hacen responsable del paro, como si el ministro de Trabajo pudiera crear un solo empleo o impedir un solo despido. A efectos políticos, es un nombre que sale de un gobierno, se cubre su vacante y asunto resuelto.

El problema es el cesto de cerezas: tiras de una y sale una ristra. Trinidad Jiménez puede tener que abandonar Sanidad. Otros son citados como aspirantes a alcaldes. Zapatero tendría la oportunidad de hacer un nuevo equipo, pero ¿quién se mete en ese berenjenal si ni siquiera se sabe si habrá que adelantar elecciones? ¿Qué personaje de prestigio, no paniaguado de partido, se mete en una aventura política para unos meses o para encargarse únicamente de apagar la luz?

El problema siguiente es el movimiento de barones. No están cómodos. Tienen un miedo justificado: son los primeros en someterse a las urnas, les tocará sufrir el voto de castigo que tantos españoles tienen preparado para el Gobierno central. Y no hay noticias concretas, porque el que se mueve no sale en la foto, pero sí un runrún de malestar contra el responsable de su previsible desgracia, que es Zapatero. De ahí que en las conversaciones privadas se perciba un cabreo contenido o, como dirían en Catalunya, una corriente de desapego hacia su líder.

Y las primarias. El día que se aceptó que Tomás Gómez y Trinidad Jiménez se midieran en las urnas se hizo un gesto democrático. Pero nadie sabe qué nido de serpientes se agitó. Las primarias quedaron demonizadas tras la experiencia de Almunia, Borrell y otros experimentos con champán. ¿Y ahora se resucitan? Pues vean los resultados: tendrá que haberlas en Madrid, Canarias y, de momento, la Comunidad Valenciana. La reaparición de Antoni Asunción tendrá un efecto llamada. Todo socialista con aspiraciones es candidato potencial. Y atención al indicio: no estamos ante confrontaciones personales o de tendencias, sino ante una llamativa contienda de parte de las bases contra el aparato. Un paso más, y esto se parecerá a una rebelión. Limitada, pero rebelión.

De ahí que Tomás Gómez, hasta agosto un hombre gris, sólo destacado como alcalde, aparezca como un héroe que ha tenido los redaños de decirle no al todopoderoso. Y de ahí que Patxi López sea empujado a la resistencia, incluso a costa de llevar a Zapatero al borde del abismo de adelantar elecciones. Es el entretenido espectáculo que ofrece el socialismo para empezar el curso. No es para alarmar, porque esas cosas ocurren en las luchas de poder. Pero sí es para volver al concepto de Borrell: señor presidente, ahí tiene usted el carajal.

La margarita
Que nadie dé por segura la repetición de Zapatero como candidato. Lo último que he oído ha sido: “Si cambiamos de foto en el cartel y acertamos, Rajoy lo tendrá muy difícil para ganar”. La frase supone una seria censura a su liderazgo. Pero no fue pronunciada por ningún tertuliano o analista, sino por alguien que se sienta en el comité federal.

Los nombres
Tan sugestiva declaración merecía repregunta: ¿y hay nombres para acertar con la foto del cartel? “Los hay”, respondió. Recitó una lista y puso especial cariño en estos, como si fuera una terna del antiguo Consejo del Reino: Pérez Rubalcaba, Patxi López, Carme Chacón. ¿Y José Blanco? Y el importante socialista respondió: “Sería el sucesor natural, pero cuando sale el tema en las conversaciones es el primero en excluirse. Si hay que presentarse, él jamás se presentará”.

La realidad
Más allá de las cábalas, en la Moncloa y en Ferraz se asegura: si la crisis se agrava, Zapatero se presentará porque no puede/no quiere dar sensación de marcharse como un fracasado o un cobarde que tira la toalla. En cambio, si hubiese recuperación, le daría a su esposa Sonsoles la alegría de la retirada. Maldad para críticos: pues que venga la recuperación; así mejoramos todos y nos quedamos sin Zapatero. Dos pájaros de un tiro

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