Lo de Corbacho
Corbacho me gusta. Forjado en las minas de basalto de la periferia barcelonesa, allí donde todo estaba por hacer en democracia, Celestino fue transmutando su imagen, de improvisado militante con cargo, a sólido gestor de la complejidad de una gran ciudad. Con el tiempo adquirió prestigio, heterodoxia ideológica y una cierta lengua libre, que dinamitó la rígida corrección política de sus colegas de partido. De alcalde a ministro, Corbacho ha seguido una curva ascendente de self made man poco habitual en política. Muy al contrario, esta tiende a confirmar, con insólita tozudez, aquel principio de Peter que asegura que toda persona asciende hasta su nivel de incompetencia. Miren el carrerón de Joan Clos, que como fue un desastre de alcalde, le dieron una patada hacia arriba y lo hicieron ministro, y como ídem de ministro, otra patada hacia arriba y lo hicieron embajador en Turquía. Y ahora lo elevan a su nivel máximo de incompetencia, con sueldo de la ONU uno de los chollos públicos más anhelados del planeta, consolidando su carrera hacia la nada. Tengo para mí la teoría de que esta última ascensión es gracias a los traductores, que seguramente han ido corrigiendo sus sonoras pifias. Aparcado Clos en las lujosas esquinas de este mamut derrochador llamado ONU algún día habrá que explicar cómo viven, qué sueldazos cobran, cómo son sus alucinantes despachos, lo de Corbacho es distinto, más sólido y más libre a medida que pasaba el tiempo. Es decir, ha ido adquiriendo eso tan difícil de adquirir en el rígido corsé del Partido Socialista: personalidad propia.Con todo lo dicho, lo de Corbacho en las listas a la Generalitat me parece una sandez. Primero, porque no nace de su carrera política, sino de la desesperada situación en que se encuentra el PSC. Es decir, se quemará un cartucho válido para intentar disparar con pólvora mojada. Sacar a un buen ministro de un Ejecutivo en apuros para reforzar una opción agónica, que lo llevará al duro asfalto de la oposición, me parece cortoplacista. Los hacedores de versiones complotistas aseguran que Corbacho llega para evitar la sociovergencia, reforzando el sector no catalanista del PSC. Pero esto es otra sandez, porque Corbacho podría mostrar sorpresas, y además en el PSC sólo existe el sector Baix Llobregat. El resto es humo lenguaraz y vistoso, pero virtual. ¿O alguien cree, a estas alturas, que Castells significa algo en el voto socialista? Y finalmente, sobre lo de Corbacho, tampoco veo eficaz la operación, porque al fin y al cabo el mensaje que se leerá no será "ministro solvente que refuerza una lista", sino "los de siempre, que llevan toda la vida en el ajo, se colocan entre ellos". Lo cual redunda en doble desastre: a Montilla no le servirá de nada, y a Corbacho le servirá para hundirle. No sé, pero me da que los estrategas del PSC se han ido de vacaciones.
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