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Italia se moviliza para salvar a la condenada iraní de la lapidación

Eusebio Val | 03/09/10


Italia se ha movilizado. El destino de Sakineh Mohammadi Ashtiani, la iraní acusada de adulterio y condenada a morir lapidada, ha logrado dejar a un lado las fracturas políticas internas. Derecha e izquierda, Gobierno y oposición han hecho causa común para intentar salvar a la mujer, convertida en un símbolo del combate contra la pena de muerte y a favor de los derechos femeninos en el mundo musulmán.

Espoleados quizá por las humillantes provocaciones del líder libio Gadafi en su reciente visita a Roma –donde sermoneó a centenares de chicas jóvenes y ensalzó la situación de la mujer en el universo musulmán– los italianos han tomado conciencia de lo importante que es el caso Sakineh. Un retrato gigante cuelga de la fachada del Ayuntamiento y otro del ministerio para la Igualdad de Oportunidades, en la plaza Colonna, enfrente de la sede del Gobierno, el palacio Chigi. “Por la vida de Sakineh”, se lee. Han hecho lo mismo en Florencia, en el palacio Medici, para recordar el triste episodio a los turistas.

Ayer por la tarde hubo una protesta ante la embajada iraní en Roma. Colocaron el muñeco de una mujer, semienterrada, para llamar la atención sobre lo bárbaro de la lapidación. El escritor Roberto Saviano emitió un comunicado de solidaridad. “Italia y los italianos están de la parte de Sakineh”, declararon en un comunicado conjunto el ministro de Asuntos Exteriores, Franco Frattini, y la titular de Igualdad de Oportunidades, Mara Carfagna. “Es una acción sin precedentes para movilizar las conciencias y contribuir a salvarla de una sentencia brutal e inaceptable, la lapidación", enfatizaron los ministros.

Las noticias sobre Sakineh, encarcelada en Tabriz, abundan en la prensa italiana y son objeto de debates radiofónicos, como el de ayer en RAI-1. Causaron aquí mucha conmoción las acusaciones vertidas contra la primera dama francesa, Carla Bruni, de origen italiano, a la que medios conservadores iraníes tildaron de prostituta y merecedora asimismo de la pena de muerte. Al escándalo ha contribuido saber de las crueles tácticas de tortura psicológica de los carceleros de Sakineh, quienes el sábado pasado, según denunció el hijo de la mujer, le engañaron al decirle que iba a ser ejecutada a la mañana siguiente, por lo que la instaron a redactar el testamento y a abrazar a sus compañeras de celda.

Desde Venecia, en declaraciones al diario La Repubblica, la realizadora de cine y televisión iraní Shirin Neshat animó a la prensa occidental a seguir dando gran cobertura al caso porque la población iraní no sólo tiene miedo al régimen sino a caer en el olvido de la opinión pública internacional. Sobre la condena a la lapidación, Neshat comentó que el régimen. en su desesperación, ha optado por la represión total, “extirpando cualquier tipo de oposición” “La historia de Sakineh se le está volviendo en contra –añadió la cineasta–. Ninguno hubiera imaginado que en este momento histórico Irán sería un país en el que se podrían aplicar condenas de otros tiempos. Eramos una sociedad culta y moderna, y hoy estamos gobernados conmodos talibanes. Esto no pertenece al espíritu de nuestra gente”.