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El final de una fantasía

Carles Castro | 30/05/10

Qué ocurriría si las elecciones generales y las autonómicas catalanas se celebraran el mismo día? ¿Neutralizaría la elevada participación el maleficio que persigue al PSC desde 1980, que sufre las consecuencias de que buena parte de sus votantes de las legislativas se queden en casa cuando llegan los comicios al Parlament?

La respuesta a estas preguntas puede deparar alguna sorpresa, pero la tentación de simultanear generales y autonómicas para mejorar las opciones de un partido de ámbito estatal no es ninguna fantasía. El PSOE lo viene practicando en Andalucía y tiene buenas razones para ello: en 1994 convocó las autonómicas por separado y estuvo a punto de perderlas. Y entre los motivos de su pésimo resultado, uno de los principales fue la elevada abstención de sus potenciales votantes.

Sin embargo, la experiencia andaluza demuestra también que la convocatoria de ambos comicios en el mismo día no garantiza que los electores voten igual en cada uno de ellos. En la convocatoria del 2008, por ejemplo, el PSOE obtuvo en las autonómicas andaluzas 165.000 votos menos que en las generales (básicamente en beneficio de IU y, en menor medida, de los andalucistas). Y en 1986, la diferencia del resultado del PSOE en ambos comicios se elevó a casi 350.000 papeletas y a diez puntos porcentuales en perjuicio del voto cosechado en las autonómicas.

Catalunya no ha vivido nunca una experiencia semejante (sólo un plazo de pocos meses entre unos y otros comicios), pero los sondeos y la propia evolución electoral comparada dibujan algunas hipótesis sobre el eventual resultado del experimento. Y la principal conclusión es que el desenlace seguiría dejando a CiU como primera fuerza, aunque, eso sí, con una corta ventaja sobre el PSC y, lo más importante, con dificultades para armar una mayoría alternativa al tripartito.

La explicación de tan singular hipótesis frente a la realidad de las generales –que vienen brindando mayorías aplastantes al socialismo catalán– es la misma que en el caso andaluz: las pérdidas del PSC en beneficio de otras fuerzas. Y esas transferencias –cuya magnitud parece encajar con las que proyectan los sondeos– no sólo son muy elevadas (pues suponen hasta un tercio de los votantes socialistas de las generales), sino que, además, tienen en CiU su principal destinatario (ya que la federación capta en las catalanas a uno de cada diez electores del PSC en las generales). El resto de las pérdidas socialistas se canalizan en favor de Esquerra (más del 4%) o de Iniciativa (en torno al 5%).

La hipotética ventaja de CiU –aunque el PSC lograra retener a todos aquellos electores que normalmente se abstienen en las autonómicas– se explica porque los nacionalistas se benefician también de un voto dual procedente del PP. En concreto, uno de cada cuatro votantes populares de las generales dicen hacerlo por CiU en las catalanas.

La proyección de estos comportamientos en un escenario de voto simultáneo se aprecia en el gráfico adjunto. Y la conclusión obvia es que celebrar al unísono generales y catalanas no supondría trasladar el comportamiento de las primeras a las segundas